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PARTE 2 : La caficultura mexicana… ¿qué panorama presenta hoy?

  • 6 mai
  • 8 min de lecture

¿Cuáles son las problemáticas a las que se enfrenta hoy la cadena del café en México?

¿La tentativa de estructuración de los años 80‑90 logró realmente estabilizar de manera duradera los rendimientos del país y superar la vulnerabilidad estructural que caracterizó a la caficultura mexicana durante tantos años? ¿Cómo se adaptan y resisten los productores frente a los numerosos cambios y a la dura ley del mercado? Que soluciones a corto y mediano plazo encuentran


Después de los acontecimientos propios de la historia ligada a la llegada del café a México (que se pueden consultar en otro artículo: PARTE 1: México cafetalero: orígenes, transformaciones y herencia de una cadena singular), la liberalización del mercado del café en 1989 dentro de la International Coffee Organization (ICO), con la abolición del sistema internacional de cuotas ante la falta de acuerdo entre países productores y consumidores, fue un acontecimiento decisivo que marcó el inicio de una nueva era para el comercio internacional del café.


La suspensión de las cuotas provocó una caída de más del 40 % en los precios mundiales. Durante los años 90 y 2000 surgieron las primeras crisis, tanto económicas como climáticas y sanitarias, que llevaron a la salida masiva de numerosos productores.



1- Variedades: renovación, hibridación, selección y mano de obra


La roya del cafeto (Roya) es considerada la enfermedad más devastadora en el mundo del café. Detectada por primera vez en México en 1981, fue a partir de 2012 cuando provocó una crisis sin precedentes. Entre 2012 y 2014, una epidemia particularmente agresiva afectó gravemente a Chiapas, Veracruz y Oaxaca, causando pérdidas del 30 al 50 % en las plantaciones. Hoy en día, la enfermedad sigue presente, pero los productores han logrado controlarla. Se desarrolla bajo condiciones muy específicas que, hay que decirlo, son cada vez más frecuentes debido al cambio climático, tales como:


  • Alta humedad (lluvias frecuentes, neblina, rocío persistente)

  • Temperaturas templadas a cálidas (18–24 °C)

  • Baja radiación solar (nubosidad, sombra excesiva)

  • Viento, que dispersa las esporas a largas distancias



Roya del café, un hongo que ataca las hojas del cafeto, ralentizando la fotosíntesis y provocando la caída prematura del follaje. Se reconoce por sus características pústulas anaranjadas.
Roya del café, un hongo que ataca las hojas del cafeto, ralentizando la fotosíntesis y provocando la caída prematura del follaje. Se reconoce por sus características pústulas anaranjadas.


Aún hoy, sigue siendo una de las enfermedades más temidas por los caficultores, quienes se enfrentan a un verdadero dilema: continuar cultivando las variedades tradicionales y derivadas, perfectamente adaptadas a los terroirs mexicanos y reconocidas por su calidad sensorial, pero muy sensibles a la roya (Bourbon, Typica, Mundo Novo, Caturra, Catuai) o bien optar por variedades híbridas, seleccionadas por su mayor resistencia y productividad.


Entre finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, los productores en México empiezan a adoptar progresivamente nuevas variedades más resistentes. Después de los Catimores (Costa Rica 95, Oro Azteca) y los Sarchimores (Marsellesa, Castillo, Tupi), que comienzan a aparecer en México a partir de los años 80, otras variedades desarrolladas en algunos países de América del Sur (Brasil, Guatemala y Colombia) empiezan a difundirse también en el país.


Estas variedades provienen del cruce de líneas ya mejoradas, con un doble objetivo: reforzar la resistencia de las plantas y, al mismo tiempo, destacar otras características deseables, como una buena calidad en taza para aumentar su competitividad en los mercados de especialidad, así como cierta tolerancia a la sequía.

Entre las más conocidas se encuentran las variedades : Icatú, Anacafé 14, Obatá, Tabi y Catucaí.

En la mayoría de los casos, los productores obtienen las semillas mediante intercambios entre pares, a menudo de manera informal, durante visitas a fincas, encuentros comunitarios o a través de redes locales de confianza y luego las prueban directamente en sus parcelas.


No importa la variedad: una vez obtenidas las semillas, comienza un proceso largo y exigente. Los productores deben primero gestionar la germinación y el mantenimiento de los viveros, una etapa que requiere personal capacitado, tiempo e infraestructuras adecuadas (sombra, riego, control sanitario). En las mejores condiciones, se necesitan de 12 a 18 meses antes de que una planta joven pueda ser trasplantada a la parcela.




Vivero de varios mesas de la variedad Marsellesa ubicada en Finca Unión – Febrero de 2026 –Variedades destinadas a ser trasplantadas entre junio y julio de 2026 y que dara fruto dentro de 3 a 4 años.
Vivero de varios mesas de la variedad Marsellesa ubicada en Finca Unión – Febrero de 2026 –Variedades destinadas a ser trasplantadas entre junio y julio de 2026 y que dara fruto dentro de 3 a 4 años.

La selección varietal en sí misma se inscribe en un proceso aún más largo: se necesitan de tres a cuatro años para que un cafeto entre en producción, y a menudo de seis a ocho años para evaluar realmente su comportamiento agronómico.

En ese periodo, los productores observan la vigorosidad de las plantas, su resistencia al estrés hídrico, su sensibilidad a la roya, su productividad y, por supuesto, la calidad en taza.

Este trabajo requiere paciencia, pero también recursos económicos importantes: la inmovilización de parcelas durante varios años, mano de obra y costos para el mantenimiento, con riesgos de pérdidas o que no tenga los resultados esperados. Para muchos pequeños productores, estas inversiones son difíciles de asumir sin apoyo técnico o financiero.


Así, la selección varietal en México se basa en un equilibrio frágil: un saber hacer campesino transmitido entre pares, una experimentación lenta y costosa, y la necesidad de encontrar variedades capaces de ofrecer el mejor compromiso entre resiliencia, rendimiento y calidad, en un contexto climático y económico cada vez más incierto.


Durante nuestra visita en febrero de 2026, todos los productores entrevistados mencionaron la misma dificultad: reclutar trabajadores y recolectores se vuelve cada año más complejo, al punto de amenazar la capacidad misma de las fincas para mantener sus volúmenes de producción. La tendencia migratoria, tanto de las poblaciones locales como de los trabajadores temporales provenientes de Guatemala, se intensifica hacia regiones o países del norte que ofrecen mejores perspectivas económicas.


Para tener un mejor control sobre la salud de los cafetos y compensar la falta de recolectores durante la temporada, que va de octubre a febrero, muchas fincas y productores medianos de Mexico ( que poseen de 30 a 50 hectarias) prefieren reducir sus superficies de producción.




2- Financiamiento e infraestructuras


Para terminar, los obstáculos relacionados con el acceso a los recursos económicos también persisten.


La primera dificultad está vinculada al estatus jurídico de muchas tierras cultivadas en México. Una gran parte de las zonas cafetaleras mexicanas está constituida por ejidos, tierras comunales que permiten el cultivo pero que no pueden venderse libremente ni utilizarse como garantía hipotecaria. Para las instituciones financieras, esto significa que un productor no dispone de un activo movilizable para respaldar un préstamo.


Sin garantía, los bancos suelen negarse a otorgar créditos o los ofrecen con tasas prohibitivas, inaccesibles para las familias rurales.


Por último, el acceso a los equipos también es desigual y muchos productores carecen de infraestructuras adecuadas: estaciones de lavado, material o mano de obra para la selección, espacios de almacenamiento.


¿Cuáles son las soluciones alternativas?


  • La primera opción consiste en revender las cerezas frescas a un productor vecino mejor equipado. Esta práctica permite colocar rápidamente la cosecha, pero priva al productor de una parte importante del valor agregado, ya que la transformación, una etapa clave para la calidad final, se realiza en otra finca.


  • La segunda opción consiste en hacer transformar su café en una finca vecina, cuando los volúmenes lo permiten, con el fin de obtener café en pergamino a cambio de un costo por el servicio o de un porcentaje del lote.


Estas estrategias de contorno permiten evitar la pérdida de la cosecha, pero limitan la capacidad de los productores para desarrollarse, controlar la calidad, estabilizar sus ingresos y valorizar plenamente su producción en los mercados más remuneradores.



3 - Resiliencia de los sistemas cafetaleros:


Frente a estas numerosas dificultades, muchos se ven obligados a abandonar su actividad, mientras que otros deciden continuar repensando por completo su modelo. En lugar de depender de una sola fuente de ingresos, buscan diversificar sus canales de venta con el fin de mitigar los riesgos.


¿Qué palancas de acción les permiten hoy desactivar los mecanismos que los mantienen en situación de vulnerabilidad?


1- Una primera vía consiste en valorizar las diferentes calidades de café que provienen de su cosecha.


El cafe de espacialidad demanda tiempo, dinero, espacio, matérial adécuado para llegar a la qualidad clasificada como "especial" ( +80 pts) y poder valorisarlas en el mercado. Pero es muy raro que un productor pueda transformar la totalidad de su producción en café de especialidad, es por eso que existen de 2 o 4 calidades diferentes, cada una destinada ya sea a la exportación o al mercado local.


Trabajar simultáneamente en varios segmentos, permite amortiguar las fluctuaciones: cuando uno de los mercados se vuelve inestable, los otros pueden ofrecer, en ciertos casos, una red de seguridad. Al exportar sus lotes de mejor calidad en los mercados internacionales, los productores acceden a mercados más valorados y, a menudo, mejor remunerados, lo que les permite encontrar un equilibrio económico, mejorar sus ingresos globales e invertir de manera sostenible en sus fincas.


Esta valorización del producto en su totalidad también pasa por la tueste. Cada vez más productores se lanzan a tostar su propio café y desarrollan su propia marca para la venta directa al cliente final.



2- Una segunda vía consiste en que los productores diversifiquen su producción más allá del café, cultivando por ejemplo productos regionales destinados al autoconsumo y/o a la venta.

Esta diversificación puede tomar la forma de plantaciones de frijol negro o rojo, plátano, aguacate, maíz, naranja, limón, así como de árboles destinados a la madera de construcción, flores exóticas o incluso producción de miel. Estos cultivos complementarios, a menudo integrados dentro de las parcelas de café, desempeñan un papel esencial: aseguran ingresos más regulares durante los seis meses (de abril a septiembre) en los que el café no está en producción.


Esta vía de diversificación permite:

  • amortiguar las crisis del mercado relacionadas con las fluctuaciones del precio del café,

  • reducir el impacto de las pérdidas causadas por las enfermedades del cafeto o por los efectos del cambio climático,

  • fortalecer una cierta independencia económica,

  • mejorar la soberanía y la autosuficiencia alimentaria de las familias productoras.



3- Una última vía de diversificación emerge progresivamente: el turismo cafetalero.

Se trata de que los productores valoricen el creciente interés del público por el café, no solo como bebida, sino como cultura, territorio y saber hacer, con el fin de compartir su vida cotidiana y transmitir las riquezas, a menudo invisibles, de la caficultura.


Este turismo rural y agrícola puede adoptar diferentes formas: visitas a las fincas, talleres de cosecha o de procesamiento, catas en la finca, alojamientos en zonas cafetaleras.

Para los productores, es una manera de generar un ingreso complementario, menos dependiente de las fluctuaciones del mercado del café, al mismo tiempo que ponen en valor su historia, su territorio y sus prácticas.



Panel turístico a la entrada de Argovia, finca situada al pie del volcán Tacaná, Chiapas.
Panel turístico a la entrada de Argovia, finca situada al pie del volcán Tacaná, Chiapas.

Más allá de los desafíos estructurales que aún marcan la caficultura mexicana, la resiliencia de los productores se construye cada día en su capacidad para adaptarse, diversificar sus prácticas y crear nuevas vías de valorización.

Sin embargo, es esencial preguntarnos en qué etapa de la cadena nos situamos y qué papel elegimos asumir frente al productor. Cada actor de la cadena tiene una responsabilidad específica:

Como importadores, tenemos la responsabilidad de garantizar relaciones comerciales transparentes y respetuosas del trabajo realizado en origen. El papel del tostador es de igual manera determinante: mediante sus decisiones de compra, su labor pedagógica y la puesta en valor de los territorios, se convierte en un puente esencial entre el productor y el mercado. En cuanto al consumidor final, posee un poder real: el de fomentar, a través de sus decisiones de compra, modelos más sostenibles.



 
 
 
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